4 ago. 2012

Una multa con final feliz


Una vez hice un viaje con compañeros de clase y profesores (como no). Todo perfecto excepto por el día que casi mato a los profesores. Os contare.


Para mí un día mas, suena el despertador y no lo oigo, me quedo dormida y no tengo tiempo de darme la ducha que necesitaba… todo muy normal para mí.  La mitad de mis compañeras de habitación se había ido cuando mis amigas y yo aun estábamos buscando que ponernos, lavándonos los dientes, peinándonos, maquillándonos y por supuesto buscando las lentillas (cuanta más prisa tienes más tardas en ponerlas). Ya llegábamos unos diez minutos tarde, pero como los profesores siempre llegaban tarde no le dimos demasiada importancia. Para cuando quisimos salir de la habitación del hotel llegábamos un cuarto de hora tarde. 


Al bajar los profesores estaban esperándonos con cara de enfado y con pinta de querer comernos. Estaban enfadadísimos por nuestro retraso, diciendo que era intolerable el retraso y que tendría grabes consecuencias. En ese momento nos quedamos en estado de shock. Subimos en silencio y con la cabeza agachada, y para colmo el resto de los compañeros empezaron a insultarnos y abuchearnos. En ese momento yo solo quería gritar  “TIERRA TRAGAME”, pero son coas que por mucho que desees no pasan. 



Al bajar del autobús los profesores decidieron que los abucheos de nuestros compañeros no fueron suficiente castigo, pero que aun no habían decidido cual seria, solo advirtieron de que lo que habíamos hecho era grave y que no nos iríamos de rositas fácilmente.


Paso el día con relativa normalidad por la mañana hicimos la visita planeada y el autobús nos llevo de vuelta a la ciudad. Nos dieron tiempo para comer, que también aprovechamos para hacer las típicas compras de recuerdos. Por la tarde fuimos a un museo y a la salida más tiempo libre. Estábamos tan estresadas que necesitábamos un café del Starbuks y uno de sus súper deliciosos brownies. Volvimos al punto de encuentro más puntuales que un reloj, las primeras en llegar. Para colmo al llegar lo que dijeron es que nos daban más tiempo y que nos fuésemos a cenar. Parecía que sus perversas mentes no encontraron un castigo. Nos habíamos librado, o eso creíamos.


Cenamos tranquilamente en un Subway. Volvimos al punto de encuentro, esta vez incluso antes de la hora, porque nos echaron. Tenían que cerrar. Esperamos en la calle mientras el resto iba llegando, hacia muchísimo frio y además llovía. Paso la hora  acordada y allí estábamos todos menos ellos, los profesores. No aparecieron hasta casi cuarto de hora después. Venían tranquilamente, riendo y hablando entre ellos, sin preocuparse de que llegaran tarde ni de que les estuviéramos esperando con el frio que hacía. Bajamos hacia las vías del metro, antes de que llagara, en el andén dijeron que se irían pasando por las habitaciones para decirnos la hora en a la que debíamos estar al día siguiente listos. Cogimos el metro, se me hizo el trayecto eterno.


 Al llegar al hotel en la puerta estaban haciendo un control para que no pasásemos botellas de alcohol. Increíble, está prohibido que nos lo vendan. Aun así había gente con botellas y les pillaron, nuca supe que las hicieron. Subimos a la habitación andando, no había ascensor. Algunas se ducharon y el resto nos pusimos el pijama. Teníamos mucho sueño, era la una de la madrugada, pero debíamos esperar a que aparecieran los profesores para saber a qué hora poner los despertadores. Aparecieron casi media hora más tarde. 


Al llegar dijeron que teníamos que estar en la recepción del hotel a las ocho de la mañana, con la maleta hecha, volvíamos a casa. No íbamos a dormir ni las ocho horas necesarias (tardamos mucho en arreglarnos), menos mal que lo recuperaríamos en el avión. Están a punto de marcharse cuando dijeron que ya tenían el resto del castigo para nosotras. 


-Sabemos que sois muy responsables y que lo que os ha pasado ha sido un descuido, que le pasa  a cualquiera. Pero os vamos a poner una multa de 20€-dijo rápidamente uno de ellos.


Dos  se fueron a buscar la cartera, otra se echo a llorar (la más responsable, y la que menos culpa tenia) y yo me quede queta mirándoles. No estaba dispuesta a darles ni un céntimo.


-Si quieres que te lo page llamas a mi madre y le dices a ella que me obligue a darte el dinero-conteste quizás con demasiado fría, teniéndole mi propio móvil para que llamase a mi madre. 


Savia que si recibía una llamada a esas horas se iba a cabrear mucho.


-Si no la llamas ahora no pienso darte nada.


Las otras tres se quedaron mirando asombradas. Una a una se unieron y dijeron lo mismo que yo. “Sin llamada no hay dinero”. Eso les dejo tan perplejos que abrieron la boca y se quedaron como estatuas. Pero acabaron por reaccionar e hicieron lo que menos quería que hiciesen. Llamar a mi madre. 


Uno de ellos salió al pasillo y marco el numero de una de nuestras madres. Segundos después se empezaron a oír los gritos al otro lado de la línea, eran indescifrables. Cuando el profesor volvió a entrar dijo:


-Llame a la madre de ****** y se ha puesto muy histérica. Ha dicho que mañana hablara con el director para hacer que nos despidan.-Hizo una pausa para tomar aire, se le veía afectado.- Me ha dicho que ni se nos ocurra cobraros un céntimo o lo lamentaremos, a demás de que como éramos capaces de venir a cobrarlo a estas horas. Espero que estéis contentas habéis conseguido dejarnos en el paro, solo por 20€, íbamos a devolver todas las multas al final del viaje.


Se marcharon tristes y con lágrimas a punto de escapárseles. Nos quedamos en silencio mirándonos sin saber qué hacer. De repente una dijo:


-No es nuestra culpa, no les pedimos que nos pusieran una multa y estaréis conmigo de que era injusta ellos llevan llegando tarde todos los días.


Asentimos con la cabeza y nos fuimos a dormir, me resulto imposible y para cuando sonó el despertador había dormido apenas unas horas. Me levante según sonó el despertador, muy raro en mí, pero aun más raro que todas estaban despiertas. Ninguna pudo dormir. No bajamos a desayunar, un había ganas. Hicimos la maleta en silencio y sin pensar, no doblamos nada mezclamos la ropa limpia con la sucia. Bajamos las maletas y os sentamos a esperar. 


A medida que bajaban los demás nos preguntaban qué había pasado, a lo que solo respondíamos “nada”. Se fue creando un murmullo, todos especulaban que había pasado y la razón por la que no queríamos decir nada. No fue hasta que bajaron las compañeras de habitación que lo contaron todo. Estaban escuchando, y nosotras las creímos dormidas. Según se enteraban de la historia completa se iban callando y agachando la cabeza. Bajaron los profesores, los últimos (que novedad) y cogimos el bus para el aeropuerto.

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