8 ago. 2012

Como vive un chicle


Empecé siendo una goma de plástico y caucho, estaba en un gran recipiente. De repente aparecieron colorantes, edulcorantes y un liquido viscoso. ¡Jarabe de glucosa! ¡¡¡Que ascoooo!!! Me mezclaron durante veinte minutos y cuando estaba como masa de pan me sacaron. Una y otra vez me estiraron y acabe planísimo (chupaos esa modelos). Cuando salí tenía tanto calor que me introdujeron en una enorme cámara frigorífica, había por lo menos tres grados. Estuve mucho tiempo, no sabría decir cuánto, perdí la noción del tiempo. Cuando Salí me encontré en una pesadilla, había una guillotina que subía y bajaba cortándonos en pedazos. Quería moverme, pero no podía, estaba pegado a mis hermanos. Bajo justo delante de mí y justo donde acababa yo. Pasamos a otra máquina y por fin me vistieron, iba desnudo y no soy nudista. El traje era verde brillante y me sentaba como un guante.

Nos metieron en una caja oscura, se movía mucho y me estaba mareando. Iba a vomitar. El viaje se me hizo eterno. Pero al fin vi la luz. Una enorme mano me saco y me coloco en un recipiente. En el había mas como yo, pero no eran mis hermanos, (quizás fuesen primos), porque sus trajes eran de diferentes colores al mío.
Unos iban de rojo, otros de naranja, amarillo, azul, plateado,… Iban hasta de colores que ni conocía. Unos días después la mano volvió al recipiente, lo hacía muy a menudo, pero esta vez me cogió a mí. Fui yo el elegido por la mano. Por fin iba a averiguar el motivo de mi creación, el porqué de mi existencia.

Una nueva mano comenzó a desnudarme y acabo por arrojar mi traje al suelo. Me quede desnudo ya no quería saber nada, solo volver al recipiente. Me metió en su boca y comenzó a masticarme y estrujarme, además de bañarme en su asquerosa baba. Estuve horas y horas dando vueltas y siendo estrujado. Estaba perdiendo mi belleza, mi forma, mi color y mi sabor. La mano por fin volvió a por mí. Pero ya estaba casi muerto. ¿Me había dejado morir de forma consiente? Me cogió y en vez de volver a vestirme me llevo a la esquina más oscura de una mesa y allí me abandono.

Llevo varios días pegado, esperando a una nueva mano que me rescate. Sé que ninguna vendrá, pues nadie quiere algo viejo y sucio. Estoy seco y duro, pero no estoy solo hay muchos más como yo aquí, pero todos están muertos. ¿Sera esto un cementerio de chicles? La vida se me escapa. Desde aquí, bajo una mesa, se despide un chicle que os ha contado su vida.

No abandonéis a mis primos y hermanos así.

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