5 may. 2012

Una muerte y un suicidio


Era un día soleado en palacio, y yo estaba aburrida, había problemas en la frontera con los vampiros. El cambio político está a punto de estallar, tenía miedo por mi amiga Aliisa, no quería que acabase con sus antepasados. Esperaba oír anunciada pronto su llegada. 


Aunque ella es un vampiro y yo un elfo somos las mejores amigas, nos conocimos en un banquete de princesas, en mi primer banquete. Yo era nueva y no conocía a nadie, estaba muy sola y ella fue quien se acerco a mí, me saludo y antes de que acabara el banquete ya habíamos transformado en patos a tres sirvientes, que nunca volvieron a su forma anterior, y conseguimos que todas las damas de compañía del resto de princesas confesara sus más oscuros secretos, todas ellas fueron despedidas y condenadas a morir. Nos pasamos un poco, pero han pasado los años y ya nadie se acuerda de esos incidentes, solo mi hermana gemela que me los recuerda cada dos por tres para avergonzarme y hacerme sufrir.


Han pasado horas y sigue sin aparecer, y como no podía aguantar mucho más tiempo encerrada en el palacio, así que me fui a pasear a los jardines. Siempre que doy un paseo significa que me voy a hacerle una visita a mi “pequeña” dragona verde. Timanfaya.



Para mí siempre será como mi hermana, la que nunca tuve, siempre está a mi lado apoyándome y confiando en mí. Eso que es extraño comunicarme con ella, como es normal no puede hablar, pero nos comunicamos por telepatía. Mis mejores momentos con ella son cuando me “rescata” del internado y viene con migo al volcán a hacer surf sobre lava, mi deporte favorito. Es un deporte de máximo riesgo, sobre todo cuando es la temporada de reproducción de las quemadoras. Son plantas carnívoras que viven en el interior de los volcanes, que solo se despiertan cuando la temperatura exterior es adecuada para su reproducción. Aunque a veces salen en otros momentos del año.


Como siempre estuvo a mi lado los peores momentos de mi vida los pase con ella. Ella consolándome por supuesto. Como con la muerte de mi abuela o del hada niñera que me cuidaba de niña. Para tranquilízame y hacerme olvidar me contaba historias del comienzo de los tiempos que sus padres, los primeros dragones (uno dorado y el otro verde), le contaban cuando era un huevo.  Aliisa ha pasado con nosotras tantas noches… que como éramos incapaces de dormir nos contaba historias de los primeros reyes vampiros, las primeras guerras contra los hombres lobo o incluso como incapaces de controlar su sed en segundos arrasaban aldeas enteras. Adoro las historias que nos contaba pero nunca llegue a tomármelas en serio.


-¡¡¡Tim!!! ¿Dónde estás?-grite en cuanto llegue a la parte de los jardines que había convertido en su casa. La antigua ala del castillo que hace mucho fue la residencia del servicio, aunque solo quedaban las paredes exteriores y poco más de su antiguo aspecto, ni siquiera el techo.


-Estoy en el bosque de caza, voy en cuanto me acabe el ciervo.  ¿Puedo ir a por alguno más?


-No, ven aquí en cuanto te lo acabes. Si ya le has matado por lo menos cómele. Pero no deberías matar a seres vivíos y lo sabes


-Ya lo sé pero, es que no soy vegetariana y llevaba más de un mes sin carne. Algún día ni siquiera podre levantarte del suelo.


Me senté a esperar a que terminara y volviera. Necesitaba distraerme así que comenzó a trepar al interior del edificio. Savia que no era propio de princesas y que además había puerta pero necesitaba tardar y concentrarme en algo. De repente los arboles comenzaron a agitarse, Tim había vuelto. Tenía tantas ganas de volar y asegurarme de que no había problemas en la frontera que según la vi salte a su espalda. Ignore sus quejas, pues savia que con el estomago lleno no le gusta volar y lo hace mucho más despacio. Le pedí amablemente que me llevara a la frontera y no tuvo más remedio que acceder.


Al mirar atrás, para asegurarme de que no nos seguían, el palacio se había convertido en un minúsculo punto. Estábamos a escasos kilómetros de la frontera, por la velocidad y la altura apenas podía respirar. Cuando pasamos el último pueblo note movimiento en la frontera sur. ¡Es Aliisa!, consiguió venir.

-Tim volvamos, ha llegado Aliisa. Ya no necesario ir a la frontera, seguro que ella nos cuenta lo que está pasando.


-Siempre me haces volar para nada, ¿no podías haber esperado un poco?


Diciendo esto hizo una vuelta tan cerrada que casi me caigo. Unos segundos más tarde empezaba a descender hacia su casa, se merecía un descanso. Baje de un salto y de la emoción casi me caigo. 


Hacia al menos dos meses que no nos veíamos y la echaba de menos. No era justo ella tenía acción en su vida, los problemas de su reino eran emocionantes, y yo estaba encerrada en un internado intentando controlar mis poderes. Desde el día en que se graduó la eché de menos en la escuela, aunque hice otras amigas (una princesa siempre está muy solicitada). Entra corriendo en el palacio, saltándome todos y cada uno de los protocolos.


-¡¡¡Aliisa!!! Te he echado tanto de menos.


-Y yo a ti-Nos abrazamos hasta que mi madre me recordó su presencia


-Laima, esa no es forma de tratar a nuestra invitada.


-Si madre, pero es que…


-Sin escusas, que ya tienes suficientes castigos por lo que has hecho hoy.-Genial no se qué castigos me esperaban pero iban a ser largos, muy largos.-Vamos Aliisa, estarás cansada del viaje.


-Lo siento, espero que no te castiguen por esto. Luego te lo cuento todo.-Me dijo esto por telepatía con una media sonrisa que me dejo preocupada.


Tendría que esperar a que mi madre la dejase libre y eso podría ser dentro de bastante. Decidí ir a despertar a Tim. Unas cuantas horas después Aliisa consiguió que mi madre la dejase libre. Vino a buscarme, savia bien donde estaba. Me levante y fuimos a pasear por los jardines, a subir a los arboles y a olvidar las preocupaciones del momento de la historia que nos tocaba vivir. La felicidad no pudo durar mucho, así que decidí empezar cuanto antes.


-Dime, Aliisa, cómo están las cosas en tu reino


-Pues… no están bien. Hay conspiraciones contra mi padre, creemos que es el consejero, pero aun no sabemos nada. Si los rumores son ciertos planea matarnos, a él ya todos los demás. Es el poder, para que lo tengan unos otros lo tienen que perder. Es mi fin.


-No, no puede ser, tiene que haber una salida, una solución, lo que sea. No te puedes morir-No podía creerlo mi mejor amiga no podía abandonarme. No pensaba permitirlo.


-Laima, he venido a despedirme, volveré a casa en unas horas. Has sido mi mejor amiga pero sabes que debo cumplir mi destino y por favor no me lo pongas más difícil.


-No creo en el destino. No he aceptado el mío y no pienso hacerlo. Domos dueños de nuestra vida.


-Aun eres muy joven y sé que cambiaras de opinión. Algún día aceptaras tu destino.


-No voy a matar a mi hermana porque me lo diga una profecía


-No, eso es verdad tu nunca lo harás por una profecía. Seguro que encuentras otros motivos para hacerlo. Algún día me darás la razón.


De repente apareció uno de los guardias de Aliisa.


-Señorita Aliisa, su carruaje la espera


-Enseguida voy. Aun tengo que acabar de despedirme. Déjanos a solas.


-Laima tengo ganas de saber que hay más allá de la vida, de reunirme con mis antepasados y de que ellos mismos me cuenten sus hazañas.


-Aliisa, no iras a marcharte sin despedirte de la reina que te ha acogido tantas veces en su palacio.- Dijo mi madre apareciendo de la nada.


-No, por supuesto que no majestad, agradezco su hospitalidad, su ayuda en los momentos difíciles y su paciencia con nosotras.


-Nunca hicisteis nada con mala intención. Por favor te ruego que aceptes nuestra ayuda en estos momentos tan difíciles.


-No es necesario. La decisión está tomada, si el pueblo no nos acepta dejaremos libre el trono y aceptaremos la muerte.


-Por favor, madre, ¿no podéis retenerla?


-No contra su voluntad.


-Por favor Laima no te preocupes más por mí. Estaré bien, aunque nunca pueda decírtelo. Voy a echarte de menos.


Odio las despedidas. Me abrazo y comencé a llorar. Jamás habrá nadie como ella, creo que esta vez ni Tim podrá consolarme.


-Es hora de que me vaya.


-Hasta siempre Aliisa, siempre estarás en nuestros corazones.


Durante unos instantes se miraron a los ojos, cosa que estaba prohibida, y supe que se habían dicho algo de lo que prefirieron dejarme a mí al margen. Deseaba que mi madre hubiera tenido un plan, pero era una tontería imposible. Me quede en silencio mientras vi partir hacia la muerte a mi mejor amiga.


No sabía los peligros que acechaban en esos momentos. Con la emoción y el alma destrozadas fui incapaz de darme cuenta de que mi hermana, Casandra, estaba a punto de darme el motivo personal para matarla. 


Ella si acepto la profecía, no le importaba que solo una de las dos pudiese sobrevivir, haría todo lo posible por matarme. Incluso atacar en el día más triste de toda mi vida. 


Detrás de un árbol estaba ella con el cuchillo Negro, con las intenciones de matar a nuestra madre para provocarme. Adalia, mi madre, fue la mejor guardiana durante mucho tiempo y se dio cuenta antes que yo de su presencia. Ella tampoco quiso que se cumpliese nunca la profecía, me coloco detrás de ella y recibió el golpe mortal por mí.


Casandra consiguió lo que nadie había conseguido hasta ahora, ganar una batalla contra la guardiana Gris, reina de los elfos. Hizo a la perfección su trabajo, hizo el corte en el brazo izquierdo, profundo e incurable. Estaba muerta, los cortes del cuchillo negro son incurables por que extrae la magia, de cualquier tipo, y la cambia por la magia más oscura. Nadie jamás sobrevivió a una herida y ese día no fue una excepción.


Cuando los guardias se dieron cuenta llamaron a mi padre, Eric. Llego en unos minutos y al vernos allí a mi hermana y a mí con la mirada fija en el cuerpo medio muerto de muestra madre hizo que los guardias nos llevaran a palacio.


Tarde unos instantes en reaccionar, cuando lo hice empecé a girar y a intentar que me soltaran, quería estar con mi madre. Cuando llegue su corazón aun latía, tenia agarrada la mano de mi padre y se estaban susurrando algo. Sus manos se soltaron. Los ojos de mi madre se volvieron del revés, negros y oscuros como un pozo sin fondo. Comenzó a moverse, pero antes de apoyar las manos en el suelo para levantarse, los ojos le habían explotado. Estaba muerta.


Ese fue el instante en que jure matar a mi hermana, vengaría a mi madre.

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